En otros tiempos, situaciones actuales hubiesen parecido absurdas o dignas de una humorada. Por ejemplo, a nadie se le hubiese ocurrido que una escuela o una iglesia podían ser asaltadas, o que los amigos de lo ajeno, en un acto de osadía y provocación, podían robar un establecimiento educativo ubicado a la par de una comisaría. Mucho menos, que un hospital y su personal pudieran ser víctimas de los malhechores. Sin duda, los tiempos que vivimos son muy diferentes.

Hace pocos días, el hospital Juan Obarrio, ubicado en San Miguel al 1.800, fue atacado a balazos por tres delincuentes. El personal de la empresa de seguridad tuvo que refugiarse en el edificio.

El nosocomio está rodeado por los barrios El Sifón, Ciudad de Dios, La Bombilla y Trulalá que se caracterizan por tener un alto índice delictivo. Pero por otro lado, el sistema de emergencias 911 de la Policía, se halla a cinco cuadras.

Una médica del Obarrio dijo que no poseen guardias policiales en los horarios de entrada y salida del personal. “Estamos rodeados por barrios peligrosos. Los empleados de seguridad privada no pueden hacer nada porque no tienen armas. Por eso pedimos que pongan una custodia policial permanente. El 911 patrulla los alrededores pero no está en los horarios en que entramos o salimos del hospital. Hace un año que trabajo acá y todavía no tuvimos una solución a los reclamos que venimos haciendo”, dijo.

El nosocomio cuenta con 250 empleados, según informaron las autoridades del hospital. El pasado 1 de enero, una enfermera fue golpeada por un delincuente, según el testimonio de un colega. “Este ladrón se cortó la cabeza intentando sacar la celosía de una de las ventanas del hospital. Nosotros damos asistencia médica, no nos corresponde saber si son delincuentes o no. Mi compañera lo curó y este hombre le pegó y se fue”, relató.

Un delegado de ATSA afirmó que la Policía custodia un tiempo y después se va y agregó que otro problema es que el establecimiento está prácticamente abierto, porque el perímetro sólo tiene una verja, que es saltada fácilmente por los delincuentes.

Los hechos violentos en los hospitales y en los CAPS han comenzado a ser más frecuentes en los últimos tiempos. En septiembre pasado, dos episodios de estas características se registraron en el Hospital de Niños. Tuvieron por protagonistas a familiares de pacientes que insultaron al personal administrativo, amedrentaron a los médicos y rompieron parte de las instalaciones del establecimiento. En esa oportunidad, el jefe de terapia dijo que este tipo de incidentes se había incrementado en forma exponencial.

En el caso del Obarrio, el ministro de Gobierno ordenó que el 911 reforzara los controles en ese sector de la ciudad y que se dispusiera una guardia permanente en los horarios de entrada y de salida del personal. La reacción es, por cierto, positiva, pero lo sería mucho más si la Policía diseñara un plan de protección de los hospitales, así como de los centros de atención primaria de la salud y no esperara que sucediera otro incidente o alguien resultara lesionado para obrar en consecuencia. Si estos hechos ocurren a pocas cuadras del 911, qué puede esperar el ciudadano en materia de seguridad.